Grupos poblacionales más vulnerables a padecer alopecia

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Personas en riesgo de sufrir alopecia

El temor a padecer alopecia se cierne sobre nosotros como una amenaza. ¿Es producto del azar o hay medidas que podemos tomar para evitar tener que recurrir al trasplante capilar?

El primer paso a dar es saber si pertenecemos al grupo poblacional que se encuentra en riesgo de sufrirla. Si bien hay factores genéticos que solo se solucionan con un injerto capilar, existen otras variables directamente conectadas a nuestros hábitos. En tal caso movernos hacia el otro lado de la barrera que marca el peligro de perder nuestro cabello es más sencillo de lo que creemos.

Factores genéticos y hábitos que conducen a la pérdida de cabello y llevan a los trasplantes capilares.

Los trasplantes capilares han ganado un terreno inusitado en los últimos tiempos. La genética es una de las grandes responsables del mal que nos lleva a esta solución, pero existen aspectos relacionados con nuestras costumbres de consumo y de trabajo, así como también estados pasajeros en nuestra vida, que también generan alopecia. Antes de recurrir a un trasplante capilar, esto es lo que deberías saber:

Personas sujetas a estrés extremo

En los tiempos que corren, es fácil asumir que el 99% de la población sufre algún grado de estrés. Sin embargo, esto no quiere decir que si las relaciones en el trabajo se han vuelto tensas, dentro de unos meses debas pasar por un injerto capilar. Para que el estrés provoque alopecia, debe ser realmente extremo y prolongarse varias semanas en el tiempo. Las formas en las que se manifiesta la pérdida de cabello por estrés son las siguientes:

Efluvio telogénico: debido a un estrés muy potente, los folículos capilares son impulsados de manera repentina a una fase de descanso. Más concretamente, el folículo se salta la fase Anagen, la cual corresponde a la etapa natural de crecimiento del cabello, para pasar a la fase Telogen, que es cuando ya cumplió su ciclo vital y cae naturalmente. Una característica curiosa de esta clase de alopecia es que se manifiesta aproximadamente a los tres meses de que se haya producido el detonante que la puso en marcha. Por lo tanto, nuestra primera impresión será descartar el estés. Debemos tomarnos este asunto con calma antes de evaluar un trasplante capilar e ir de tres a cuatro meses atrás en el tiempo. Si allí encontramos una fuerte causa de estrés, habremos hallado lo que nos provocó este problema. Las buenas noticias es que se trata de un tipo de alopecia totalmente reversible, por lo que no será necesario recurrir a los trasplantes capilares; el tiempo volverá a poner nuestro cabello en su lugar.

Alopecia areata: en este caso es nuestro sistema inmune el que, por alguna razón, comienza a atacar a los folículos capilares sanos. Es una enfermedad autoinmune que tiene varias causas, y entre ellas está el estrés. Se caracteriza por provocar la pérdida de cabello por mechones y así dejar espacios en blanco en nuestro cuero cabelludo. Debido a que se trata de una dolencia bastante impredecible, nunca se puede asegurar si el cabello volverá a crecer. Por lo general sí lo hace. No obstante, cuando ello no ocurre, siempre podemos servirnos de un moderno e innovador injerto capilar.

Tricotilomanía

Este es un comportamiento compulsivo asociado al estrés, aunque también puede responder a trastornos psicológicos más profundo y arraigados, que provoca que la persona que lo padece se arranque de forma compulsiva el cabello. Es un hábito muy parecido al de comerse las uñas, ya que no es a través de una crisis nerviosa que tiene lugar, sino que lo hace de manera compulsiva y casi imperceptible. Si la persona logra controlarse, no habrá nada que lamentarse. Desafortunadamente, si logra arrancarse el cabello de la misma zona en reiteradas ocasiones, es posible que este ya no vuelva a crecer y que el trasplante capilar sea la única solución.

Mujeres que atraviesan cambios hormonales debido al embarazo, al posparto y a la menopausia

Las hormonas juegan un rol preponderante en la salud capilar. El embarazo puede ser una etapa engañosa en la mujer. Durante este período, las hormonas alcanzan niveles inusitados en el organismo femenino. Por esta razón el cabello no se cae y se ve más vigoroso que nunca. Es por ello que muchas mujeres se sorprenden negativamente cuando después del nacimiento del bebé su cabello se cae más que nunca. ¿Es necesario recurrir a un trasplante capilar en estos casos? Todo dependerá de si se restablece o no.
Es normal y esperable que el cabello que no se cayó durante la gestación, se caiga todo junto después del parto. La medida más sensata en estos casos es esperar entre seis y ocho meses para tomar la decisión de hacerse un injerto capilar. A partir de los seis meses, el cabello debería comenzar a crecer de forma normal, así que deberíamos darle un margen de dos meses y ver el resultado final.
Otro cambio hormonal por el que toda mujer debe pasar es la menopausia. Entre otras cosas, este período trae consigo un afinamiento capilar que muchas veces deriva en alopecia. Una consulta con el ginecólogo y con el dermatólogo ayudará a cada mujer a determinar si es conveniente hacerse un trasplante capilar.

Malos hábitos alimenticios

Muchas de las personas que solucionan su problema de caída de cabello con un injerto capilar pueden revertir el problema haciendo un ajuste en sus hábitos. La comida es la única fuente de nutrientes que recibiremos además de los posibles complejos vitamínicos que injiramos. Por lo tanto, una alimentación variada y rica en frutas, verduras, proteínas y lácteos nos ayudará a mejorar la calidad del cabello. Por otra parte, evitar el tabaquismo es el primer paso a dar para mejorar en este y en muchos otros aspectos.

Altos niveles de testosterona

La presencia de altas cantidades de testosterona lleva al hombre a sufrir de alopecia. El cabello se afina y su bulbo muere. Tanto la genética y la edad son factores determinantes para que el hombre desarrolle esta enfermedad. En ninguno de estos dos casos existe otro tratamiento que no sea el de los trasplantes capilares o injerto capilar.

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